La renuncia del viceministro de Salud, Guido Giana, en medio de la crisis del PAMI deja al descubierto el profundo deterioro de un sistema que afecta directamente a millones de jubilados. Mientras los funcionarios abandonan sus cargos, los adultos mayores continúan enfrentando haberes insuficientes, dificultades para acceder a medicamentos y una atención de salud cada vez más precaria. El gobierno nacional no puede desentenderse de esta realidad. Gobernar también implica proteger a quienes trabajaron toda una vida, y hoy los jubilados vuelven a ser quienes soportan el mayor peso de las decisiones económicas. La crisis del PAMI y la salida de un funcionario de primera línea reflejan una gestión que no logra brindar respuestas a uno de los sectores más vulnerables. Es cierto que el abandono de los jubilados es una deuda que arrastran distintos gobiernos. Pero esa realidad no exime a la actual administración de su responsabilidad. Los jubilados no necesitan explicaciones ni cambios de nombres: necesitan un Estado que garantice una vejez digna y deje de convertirlos, una vez más, en la variable de ajuste.
Williams Fanlo
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